Crónica antártica: segundo mensaje
Sigue la fascinación del santafesino en Toronto por la nieve y esas cosas de los lugares fríos.
Todo sigue joya. La vida en la base es muy amena, se come que da calambre. Por ejemplo, el sábado 29 amazo ñoquis caseros con estofado de pollo. Y a la noche pizzas de muchos gustos porque en la Antártida argentina los sábados a la noche sale pizza. Ayer recorrimos con casi toda la dotación militar algunos sectores de la isla Decepción: fuimos al lado externo de la isla y vimos una de las pingüineras de Decepción. La escena era increíble: un número inmenso de pingüinos "barbijo", que son los locales, todos a los gritos y agrupados en lo que hoy, tras haber consultado con biólogos españoles que nos cruzamos, supe que son colonias. Esta pingüinera tiene 20.000 parejas de pinguinos y cada pareja cría 2 pollitos pingüino. Lo sé, mueren de ternura de solo pensarlo. Las parejas se reencuentran cada primavera después de un invierno en solitario, se reconocen las parejas de siempre y arranca el ritual de las crías. Y el griterío es un constante reconocimiento entre las parejas y sus pollitos, algo así como un "soy yo, soy yo" constante.

Esta es una foto de la pingüinera, estamos muy lejos para no molestar a los simpáticos animalillos.
El mapeo de gas difuso empezó hoy, arranco muy bien. Hay flujo de dióxido de carbono del suelo, eso que vine a cazar a Antártida, así que soy feliz. Lo que sí, sentí un frío de la san siete, y hoy no había viento . El resto del trabajo viene bien, aunque algunas cosas llegaron rotas, gajes antarticos. Hay una constante búsqueda de ballenas (el viaje de ida nos malacostumbro), y aunque no trabajamos en una pinguinera la compañía de los pinguinos que andan solos por ahí es constante. Ah, y el mate te devuelve el alma al cuerpo al frío.
Larga vida al mate




Comments