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Crónicas antárticas: cuarto mensaje

Writer: María Clara Lamberti
María Clara Lamberti
Oct 10, 2024
5 min read

Se picó. Quiero hacer esta crónica hace días, juntar más crónicas de los invernadores (ya "entrevisté" a un par pero me faltan), pero los días se pusieron peludos: hay mucho pero mucho trabajo, cuando se pudre el clima que es frecuente tenemos bastante trabajo de gabinete, y como la cosa viene lenta empezamos a salir en días que se alejan mucho de un día de campo ideal.

Al principio, pensaba eso que les conté de revisar mi relacion con el frío, estaba afuera y pensaba en toda la parte filosófica de la mente cuando se lo pone al cuerpo en una situación de incomodidad constante y mantuve las cosas de manera bastante romántica. En estos últimos días, si les soy sincera, suena la alarma, abro los ojos y lo primero que pienso es "cuánto me cagaré de frío hoy". Tener que escribir en una libreta en este continente es un deporte de riesgo. Además, por suerte y por desgracia, no paran de aparecer lugares nuevos con gases y CO2 que es lo que vine a medir. Así que a mi lista de tareas se le restan y se le suman sitios semana a semana, el trabajo no parece que vaya a terminar, y mis dedos están muy preocupados. 

(El santafesino admite el hartazgo del frío).

Pero las lecciones de esta campaña antártica van mucho más allá de la dureza y belleza del ambiente. Como viene pasando en casi todos los viajes que vengo haciendo, el factor humano es el otro costado de la naturaleza que me resulta igual de sorprendente que el paisajístico o climático. Me venía acordando mucho del CERG, aquel curso que compartí con gente de Bangladesh, Egipto, Argelia, entre tantos otros países. Todo lo exóticas que me parecían las vidas de esas personas, lo encuentro en las vidas de los militares con los que ahora comparto la base. Lección: no es necesario viajar lejos para encontrar realidades muy diferentes a las propias. Los parámetros de condiciones laborales normales para esta gente transitan carriles muy alejados de los de la gente que va a una oficina de 9 a 18, de lunes a viernes. Tienen su vida atada a decisiones que a veces parecen arbitrarias, de otras personas con rangos más altos. Uno de los 3 chabones de ejército que está acá con nosotros y vino a darnos el apoyo logístico para subir a corroborar al cerro más alto de la isla si hay fumarolas (¡y las hay!), se iba a casar el 14 de diciembre. Con su pareja tenían el salón de fiestas, el catering, todo contratado. Este hombre había mandado su carta para volver a Antártida en marzo del año pasado y recién lo convocaron en noviembre (él es uno de los invernaderos y, como a la mayoría, quedan con ganas de volver). Y uno diría: semejante evento personal, un casorio, todo contratado... lo charlás y no venis. Pero órdenes son órdenes, se pospuso el casamiento y acá está.

Otro de los invernadores acaba de tener una beba, hace un mes y medio, que encima nació con un problema de salud y se tiene que hacer más estudios de lo normal, pero le tocó ser parte de esta dotación y acá está.

Otra de estas, nuestro comunicador de la Armada salía de Fragata, que son estos barcos coquetos que salen a dar la vuelta al mundo por objetivos que todavía me cuesta entender... son buque escuela, además dan el presente por parte de Argentina en los siente mares... cosas del estilo. Se embarcaba 8 meses, la última noche en Buenos Aires estaba por ir a su casa a despedirse de su familia con una buena cena y antes de salir, lo llaman: "Suboficial García, Fulano se dio de baja, hoy le toca guardia". Se tuvo que quedar de guardia en el edificio ubicado en Retiro de la Armada, para salir directamente a la mañana siguiente, e irse por al menos 8 meses. Saludó a su esposa por teléfono.

Otra cuestión muy flashera para mí de los militares es el trato entre ellos, el usted, el uso del apellido, la fina línea entre lo que se pueden joder, y quién a quién, y si se usan insultos o no. Hay un juego sutil entre edades y sobre todo rangos, que muy poco a poco voy empezando a entender, más ahora que voy teniendo más confianza y empiezo a hacer preguntas sin tanto tapujo.

Además entendí que los civiles estamos completamente afuera de este juego social militar y medio que podemos preguntar, tratar y decir lo que queramos, cosa que me parece bastante injusta pero que todos parecen aceptar muy naturalmente.

La única regla que acatamos es la de empezar a comer después de que el jefe de la base empiece. Las diferencias más atroces de las que ya he escuchado igualmente se dan entre oficiales y suboficiales de cualquiera de las fuerzas, pero acá son todos cabos y suboficiales, solo el jefe de la base es oficial.

Oficiales y suboficiales son dos carreras distintas que no se cruzan, salvo raras veces que algún suboficial se pasa a la carrera de oficial, pero eso esta mal visto de ambos lados, los suboficiales lo consideran traición y los oficiales lo miran con desprecio. Y nuestro jefe de base es uno de esos casos.

Otra peculiaridad de los militares, escuchan cumbia desde el alba hasta el alba, non-stop, me cuesta mucho escuchar mi música porque siempre está toda la base tomada. También viven mirando películas bélicas, y no pueden dejarse las mechas largas, así que acá en la base tenemos un cabo peluquero, el corte de pelo bien rapado abajo lo tienen todos a la orden del día. También le corta a las mujeres, pienso pasar a retocarme las puntas uno de estos días. Son muy buena onda, muy amables, hablan mucho sobre la dictadura, la mayoría se desprende de las antiguas fuerzas, algunos con una sana intención de aclararlo, otros enojados de que se los acuse de genocidas por hechos históricos que, en sus palabras, sucedieron cuando ellos aún no habían nacido. Uno tal vez pensaría que nos aclaran porque siendo de Conicet tendríamos alguna fibra más zurda que el promedio de la sociedad. Yo a esta altura me respondería que no creo, porque la inmensa mayoría de ellos no sabe qué es el Conicet. Y yo aca en el ombligo del mundo creyéndome que todo argentino y argentina conoce al organismo que me emplea, pues no mi ciela.

Y así están las cosas país, estos somos los locos acá haciendo patria y sosteniendo el reclamo soberano de Argentina sobre Antártida (trato de pensar en eso cuando puteo a este frío del diablo).


PD: el comedor esta casi listo y ya sin calefacción se nota lo mucho mejor que se está!

(No estaba tanto mejor, pero en comparación a no tener paredes, era bárbaro).





 
 
 

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