Crónicas antárticas: primer mensaje
Este es el primero de una serie de mensajes que escribí durante mi primera campaña a la isla Decepción, ubicada en el archipiélago de las Shetlands del Sur, Antártida. Leídos en conjunto, los mensajes rememoran al monólogo de Dady Brieva, "Un santafesino en Toronto".
Primer mensaje: El santafesino fascinado con la nieve y el ciervo.
Escribo desde la isla Decepción, Antártida. Costo mucho caer en la cuenta de que llegamos, la carrera antártica fue larga y difícil. Y sin embargo una vez acá supe que para muchxs otrxs la empresa fue aún más difícil que para mí, como para los 16 varones del personal militar de nuestra base, que hicieron 15 días de cuarentena en un container en un barco (el aviso Puerto Argentino). Anteayer conocí ese container: tenía 3 columnas de camas, 4 cuchetas apiladas por cada columna, tal vez 2 metros cuadrados de superficie libre. Antártida es lo más hermoso que vi, no sé puede poner en palabras toda esa belleza. Cuando bajé del avión Hércules de nuestra fuerza aérea que nos trajo gran parte de la dotación científica argentina, y pise suelo antártico por primera vez, lloré (el barbijo y los lentes de sol me permitieron llorar sin vergüenza).

Esta es una tierra que todavía es de los animales no humanos, nosotros somos los bichos raros. Llegué hace poco más de dos días y ya vi 3 especies de pingüinos, ballenas, focas de Weddell, lobos marinos, estrellas de mar y una cantidad de aves que no les puedo explicar, aves que vuelan digamos, ya sabemos que los pingüinos son aves. Nunca vi tanto hielo. Y el mar es más azul que en cualquier lugar del mundo que haya conocido.



El clima no da tregua, nos invita a no ponernos demasiado cómodos, las térmicas no suenan tan terribles, andan alrededor del cero, pero el viento es helado.
La base Argentina Decepción es hermosa, mi casa por estas semanas es una cabaña medio andina, de madera y ventanales, muy acogedora. Y el grupo de militares con quienes nos toca compartir la base, da la sensación de ser gente tremendamente macanuda, trabajan muchísimo y levantaron la base antes de que llegáramos, así que todo el confort posible...
Va a ser un desafío trabajar con este clima, pero siento un entusiasmo por hacer un buen trabajo como nunca antes. Todo este entorno helado y "patrio" me invita a hacer más que geología, le da un sentido más profundo al trabajo, un sentido de servicio.



En resumen, me siento muy muy muy feliz. Todxs ustedes, a quienes les envío este mensaje, hicieron mucho por mi y por este viaje: me aguantaron, me dieron mucho amor en forma de cartas, fotos, kits, "salvavidas", secadores de pelo, mensajes durante la cuarentena preocupándose, y quiero que sepan que todo lo tengo recontra presente estando acá, los llevo a todos en el corazón y ustedes también son parte de mi felicidad en este momento, y no se si sin todo su aguante hubiera llegado, gracias.



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