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Crónicas antárticas - temporada 2, episodio 2

Writer: María Clara Lamberti
María Clara Lamberti
Oct 10, 2024
4 min read

Desembarco, descarga y apertura de base

 

A diferencia de la anterior, en esta edición de nuestra CAV (Campaña Antártica de Verano) nos tocó llegar a la base cerrada. Decepción es una base temporal, en contraposición a otras bases argentinas como Marambio, Esperanza o San Martín, que son permanentes, y son mini ciudades. Dato curioso: esta base fue permanente hasta la erupción de 1969 (porque recordemos: la isla Decepción es un volcán). Desde ese año, cambió a la dinámica de base temporal.

Tocó abrirla después de 9 meses sin ser habitada, sin tener su generador encendido, con las ventanas tapiadas, etc. El año pasado llegamos cuales príncipes con todo el trabajo duro ya hecho. Sabía, y creo haberlo comentado en alguna crónica, que habíamos tenido suerte y que nos habíamos ahorrado un trabajo inmenso. Sin buscarlo, obvio. Pero la verdad no dimensioné lo arduo que es abrir una base. O tal vez una cosa es decir "esto es un trabajo muy duro" y otra distinta es atravesar en cuerpo y alma 72 horas de un trabajo realmente pesado.

La cosa es así: primero desciende el personal militar y civil del barco que nos transporta. Para eso, nos tiran una escalerita por el borde del barco, y bajamos hasta un bote Zodiac. Primero bajaron unos militares que al toque prendieron el generador.



Después viene la descarga. El aviso Estrecho de San Carlos llevaba en su cubierta 2 contenedores, onda los del puerto, los comerciales (como los Maersk): uno de los contenedores cuenta con su interior refrigerado y guarda la comida de la campaña, y el otro con todos los materiales pedidos: cosas de ferretería, de cocina, artefactos de baño, madera, una máquina de gaseosas, un bote, balsa + motores, trajes antiexposición (estos trajes que usamos en las navegaciones en bote para no correr tanto peligro de vida si nos llegáramos a caer al mar helado antártico), un arterfacto de hierro que en algún momento vi en la playa y me explicaron qué era pero que ya olvidé, cemento, piedras para el cemento, cosas, cosas de todo tipo. Piensen en su casa y vean todo lo que hay, todo eso puede llegar: un calefón, muebles, Procenex. La lista es larga. Y la comida quedó englobada en una sola palabra, pero permítanme desarrollar: kilos y kilos y kilos de carne, cajones con 20 pollos cada uno, cajones con leche, con birra, con vino (estoy enumerando lo más pesado para que la crónica sea más dramática), bolsas de kilos de zapallo, papa, batata, zanahoria, cajones enormes con latas. Tenemos latas de espinaca como para 7 reencarnaciones de Popeye el Marino, kilos de harinas varias, y toda la comida que se puedan imaginar, frutos secos, jamones, quesos, aceite, etc. Y no olvidemos los tambores de GOA y de aceite para motores, de aprox 250 kg cada uno. Que eran 70. Y estos tambores iban fuera de los contenedores, como para que se den una idea del volumen de la carga. ¿Y cómo se transporta todo esto desde el barco hasta su lugar en la base? Les diría que un 70/80% del trayecto es por tracción a sangre. De humanos, todavía no explotamos a las focas. To da vía... Hombres y mujeres, pero más que nada hombres, sacan uno a uno los tambores, cajones naranjas antárticos clásicos (adjunto foto), cajones de madera hechos a medida según el objeto requiera, tablas de madera, etc. Lo cargan en un chinguillo: una red gigante y muy fuerte, y esto es movido por una grúa que tiene el aviso, que mueve esta carga desde la cubierta del barco hasta un bote Zodiac. El Zodiac navega desde el barco hasta la playa, y en la playa, como Decepción es una base chica, se recibe todo a manopla, cajón por cajón, tambor por tambor. En otras bases más grandes el trabajo es menos brutal porque hay máquinas que hacen casi todo el trabajo, pero acá, depende en mucho de las espaldas. Al menos el año pasado llegó un Jeep que trabajó muchísimo y ahorró muchas hernias.




El 24 de diciembre comenzó la maniobra, aproximadamente a las 14. Se frenó hacia la noche no porque fuera Noche Buena, sino porque se pudrió el tiempo, eso nos permitió cenar tipo 23 y a las 12 de la noche hicimos un brindis con el poco resto de energía que nos quedó. El 25 dicen que fue Navidad, pero por esta base mucho no nos enteramos... acá fue descargar cosas del bote, transportarlas en Jeep hasta la base, que estará a unos 400 m de la playa, y acá en la base desde donde escribo, recibir cajón por cajón, romper los zunchos, y acomodar a toda velocidad lo que iba llegando. Lo dimos todo.

El 26 dimos el golpe final. El aviso ya tenía que seguir viaje y llevaba 2 días fondeado frente a nuestra base, así que en una fase casi final, el jefe nos llamó a todos y todas a la playa, mujeres y cocinero incluido, a desembarcar cosas y a mover las que habían quedado muy cerca del agua porque subía la marea. No tengo fotos de ese momento, pero créanme que para más épica, se sumó a la escena una hermosa nevada antártica. Muchos cajones quedaron sin abrir pegados a la base, por afuera. Se seguiría otro día, pero la operación del barco ya había terminado y a la noche nos sentimos aliviados. Se brindó con una Quilmes edición mundial. ¡¡¡Cierto que ganamos el mundial!!!

Al día siguiente quedaría abrir cajones, moverlos a donde correspondiera, y empezar la semi-construcción de nuestro nuevo módulo científico, actividad que nos llevará 6 días. No sé si merece una crónica esta parte, tal vez un párrafo resumido en la próxima.

Les adelanto eso y que el primer día de trabajo de campo ocurrirá 10 días después del arribo a la isla.

Mamá, no te preocupes, te aseguro que estoy en una sola pieza.

 
 
 

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