Crónicas antárticas - temporada 2, episodio 3
Argentina, un país bicontinental
Esta es una crónica acerca de un camino mental que, sin buscarlo, recorrí durante la campaña pasada y que estoy reviviendo ahora. En teoría ya lo sabía, está escrito en los libros de geografía, de historia, está en los mapas, pero la verdad hasta que no vine a Antártida, no caí en la cuenta de que Argentina es un país bicontinental.
Esta bicontinentalidad, aparentemente exclusiva de países europeos y Eeuu, que siglos atrás navegaron los mares del mundo, ocuparon territorios e impusieron su cultura a los pueblos sometidos, es también una característica nuestra. Con la hermosa excepción de que nuestra bicontinentalidad no se logró con violencia hacia nadie. Estoy a esto de tatuarme el sol de mayo en el medio del pecho.
El descubrimiento de este hecho ya conocido llegó a mi cabeza solito, porque era muy obvio. Y la obviedad yace en la yuxtaposición de las dos caras de una moneda que es la vida antártica: la vida dentro de la base y fuera de la base.
Como ya les conté, el año pasado, al igual que ahora, vine a la Base Antártica Conjunta Decepción. Compartí mi primera campaña con 17 militares, 1 de Fuerza Aérea, 3 del Ejército y 13 de la Armada, y con 4 compañerxs cientificxs, 3 argentos y 1 geóloga colombiana (Adriana). En ese contexto, yo vivía en Argentina. Se hablaba en acento argento, excepto que hablara Adri, obviamente. La cultura reinante, el asado los domingos, la comida en general, la música que se escuchaba, los temas de conversación, la preocupación por los incendios en Corrientes el año pasado, quejarse porque hay que ponerle más presupuesto a la base, que cuánto está aumentando el dólar, todo eso era Argentina.
Y fuera de la base, Antártida es un continente fuertemente contrastante con todos los demás. Es muy frío, prácticamente no hay verde, hay mucho hielo, no hay ciudades, ni pueblos (más allá de que algunas bases sean más grandes que muchos pueblos continentales), no hay rutas, no hay mamíferos terrestres pero rebosa de vida marina. Sin abrir los ojos, el círculo polar antártico se siente en la piel. Si, al contrario, el único sentido funcional fuera la vista, vería un desierto gélido que no existe en ninguna otra región de la Tierra, con un mar muy azul.
Entonces, estaba en Argentina, pero en un territorio que definitivamente distaba por mucho incluso del territorio más austral de Argentina. Y voila! Ahí estaba frente a mí, este hecho conocido pero, no sé, ¿ignorado?. Tal vez porque Antártida sea uno de los lugares más inaccesibles del mundo para venirse de viaje, porque hay que ser militar, científico o tener mucha plata. Hay un puñado de civiles que vienen también a trabajar, pero son muy muy pocos. Cuestión que es posible que le demos la espalda a nuestra bicontinentalidad porque no habitamos en masa ni paseamos por el continente antártico, y es difícil sentir propio a un territorio desconocido.




Pero por eso quería hacer esta crónica, para contarles que somos bicontinentales, aunque ya lo sepan. ¡Argentina dice presente en Artártida ininterrumpidamente desde 1904! Tenemos 13 bases entre permanentes y estivales en esa porción de pizza que es el territorio que Argentina reclama, y parte de nuestra población hace su vida acá. Trabaja, se divierte, se vincula con otras personas, iza la bandera argentina y canta nuestro himno, baila, se pelea, mira películas, cumple años e incluso nace y muere acá, en el continente blanco.
Ayer festejamos el aniversario N°75 de la base Decepción, antiguo destacamento naval, ahora base antártica conjunta. Se hizo un acto, una ceremonia que me emocionó más de lo que esperaba. No sé si a ustedes les pasa, pero siento que la mayoría de las veces construyo emociones en base a pensamientos, y algunas pocas veces construyo pensamientos en base a emociones. Ayer fue una de esas pocas veces. Pararme frente a la bandera argentina flameando, con las fumarolas volcánicas de Decepción (juro que esta imagen fue real), escuchar sobre la historia de nuestra presencia en la isla Decepción desde 1948 y sentirme ahora parte de esa historia, como les digo, me emocionó más de lo que habría pensado que me emocionaría, y me hizo darme cuenta de lo relevante que es para mí estar acá. También esta idea de la bicontinentalidad me cayó a partir de una serie de emociones: sentirme en casa y cagarme bien de frío.
Y así pasan mis días antárticos, percibiendo emociones y armando conjeturas. Y comiendo, por sobre todas las cosas, comiendo.





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